Despedida del TEC-San Carlos

Con mucha felicidad pero paradógicamente con mucha nostalgia cuento que ya estoy gozando mi primer día de jubilado. Por supuesto, luego de trabajar durante toda mi vida laboral para el Tecnológico, 35 años, universidad donde además hice mis primeros estudios universitarios, allá en los lejanos 1978-1981, tengo que tener nostalgia. Esto fue una gran aventura de 40 años en total, donde lo más preciado es la gran cosecha de amistades creadas, iniciando por mi esposa, graduada también del Tec, quien me privilegió además con dos amadísimas hijas.

Quedan en mi corazón también una gran cantidad de personas con las que compartí desde 1978. Para no fallar a ninguna no las menciono, pero cada una sabe que están presentes en mis pensamientos mientras escribo esta nota.

Los proyectos académicos y hasta las aventuras intelectuales fueron grandes retos que pudimos cosechar. Todos fueron un esfuerzo colectivo de mucha gente que me tocó ayudar.

Quiero agradecerle a todos los que estudiaron conmigo, a los que trabajaron a mi lado y a todos los que tuve el honor de servirles como profesor. Qué gran dicha que el tiempo y la naturaleza me dieran esa oportunidad.

Siempre quedan cosas sin terminar o cosas que uno no pudo cumplir, pero créanme que no las finalicé porque siempre falta tiempo para hacer todo lo que uno se propone y más aún para las que la vida impone con su paso.

Todos los finales deben ser así!

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Sería ingrato no mencionar mi más sincero y profundo agradecimiento a las personas que trabajaron directamente conmigo durante estos últimos años en la Dirección de la Sede Regional de San Carlos. Margarita que afanada trabajaba ordenando toda la Dirección, Kattia Ulate que no dejaba que olvidara nada importante, Lucía Rodríguez que hacía el ordenamiento de recursos humanos y facilitaba todos los intercambios estudiantiles, Xinia Guerrero que propiciaba un apoyo técnico en varios ámbitos, sobre todo el piso para actuar sin temor en el espacio legal, Mildred Zúñiga que daba el piso para trabajar en lo financiero y presupuestario, Nancy Castro y sus diversas habilidades, Rafael Quesada que me recordaba a Bob el constructor, por su afán de hacer que todo lo que tiene que ver con construcción, realmente finalizara bien.

Del otro lado, en Cartago, debo agradecer a las compañeras Sonia Córdoba, Lucía Hernández, Sonia Astua y Kirsa Ulet. Ellas fueron otros bastiones para lograr que el trabajo tuviera los resultados que deseábamos.

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El Rector, Julio Calvo, Don Miguel Gutierrez Saxe y Edgardo Vargas. Discusión sobre el desarrollo académico de la Región Huetar Norte.

Por supuesto no puedo dejar de agradecer a los rectores, toda la planilla de vicerrectores, directores y coordinadores, sobre todo a los actuales, con los que pude trabajar durante los últimos siete años desde el puesto de Director de Sede.

Dadas las condiciones políticas que prevalecen hoy, al momento de mi retiro, no menciono a otras personas, para que así puedan moverse en los temas que vienen en los próximos días, pero sí es curioso que en este ámbito se presente esta situación tan particular, que propició que la última invitación que recibí para ir al Consejo Institucional la observara desde una pantalla de computador, pero siendo que solo la podía atender por medios virtuales, se conversara, durante los minutos que se debió dar mi comparecencia, que no me podía atender así, a pesar de que no existía forma de que me pudiera hacer presente físicamente a las 7:30 am a la sala del CI en Cartago, porque no existían choferes disponibles para hacer ese viaje y a pesar de que todos los interesados sabían que yo tenía que salir de San Carlos a las 4 am. No pensé que hubiera tantos deseos de preguntarme, como dijo alguien, viéndome a los ojos, sobre declaraciones de terceros.

Sí puedo decir que en esa última comparecencia me habría gustado conversar de los errores que tiene la nueva versión del Estatuto Orgánico, pues se indujo a aprobar una reforma que tiene un craso error técnico. No existe en la legislación costarricense nada que se denomine “desconcentración por competencias mínimas”, existe “desconcentración mínima” que implica la creación de jerarquías especiales con todas las funciones inherentes de los jerarcas y existe “transferencia de competencias” a subordinados (artículo 83 y 84 de la Ley General de Administración Pública). Parece que esto último es lo que se quiso hacer con la reforma aprobada, pero se mezcló “desconcentración mínima” con “transferencia de competencias”.

También me habría gustado señalar que en última instancia la reforma resulta que es un entuerto técnico y que la sesión de la Asamblea donde se aprobó también resultó ser otro fiasco interesante, pues se presentó la propuesta, que se discutió y se votó como una, pero se necesitaban 2/3 partes de los miembros presentes para su aprobación, que tal votación no se alcanzó pero el Directorio la dio por aprobada. Por eso desde la Sede Regional se hizo la solicitud de revisión y al ver la situación, este órgano de dirección hace otra acción fuera de lugar y resuelve que la propuesta sí tenía partes que necesitaban los 2/3 de votos a favor, por lo que esa parte queda rechazada, pero todo lo demás queda aprobado, esto sin importar que la propuesta fue presentada como una sola y votada de igual forma.

La Asamblea Institucional Representativa tendrá la última palabra. Los miembros tendrán que ver si avalan lo actuado por el Directorio, que a mi juicio viola normas elementales y reconocen que hay un grave riesgo al romper toda lógica del debido proceso, o se arriesgan a que, como se ha tratado en asuntos de nivel nacional, las mayoría impongan su visión hasta de derechos humanos sobre las minoría.

En 1982 nace el Estatuto Orgánico del Tecnológico

Para terminar expreso que mi más profundo deseo es que esta Institución, el Tecnológico, siga por el norte que se trazó con la reforma que se dio gracias a las luchas estudiantiles de 1980-1982 y que creo que la sintetizó magistralmente uno de los estudiantes de entonces, que siendo uno de sus protagonistas más importante, tuvo el infortunio de dejarnos antes de que ser materializara dicha reforma, el muy querido y recordado Armando Vásquez, quien en su última carta escribió:

“… . Todo esto para que mañana sea un lugar (TEC) digno para el joven costarricense de otros lugares. Tal vez no el más grande, porque no se pretende convertirlo en una potencia en tecnología como se le hace ver en conferencias de prensa y reportes, sino el más honesto y asequible para cada joven que desea estudiar.”  

Fragmento de su última carta enviada por Armando Vázquez a sus compañeros del ITCR el 20 de noviembre, 1982.